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Cuando terminaron de ensayar, una vez más, la representación que harían frente a sus compañeros salieron del aula de clases y se dirigieron al patio principal.
Mientras caminaban, divididos en tres grupos, conversaban sobre el reto que tenían esa mañana: actuar como una máquina. Los demás tendrían que adivinar de cuál se trataba.

No eran niños ni adolescentes. Eran 16 adultos, todos con discapacidad, que hacen parte de la segunda cohorte de la Escuela para la Inclusión, una iniciativa que funciona hace aproximadamente un mes y que busca capacitar en oficios específicos a poblaciones en situación de vulnerabilidad, para que consigan un empleo formal en empresas que ya se sumaron al programa.

Por turnos, los tres grupos simularon ser motores, turbinas o tubos. Fueron un avión, una empacadora y una trilladora de maíz. Hablaron del sentido de la actividad: fortalecer el trabajo en equipo, la coordinación y la organización.

Esto hace parte de las habilidades para la vida, 40 horas de formación en aspectos necesarios para desempeñarse en un empleo, como puntualidad, respeto, responsabilidad, autoestima, resolución de conflictos. 

Aunque parezca que todos ya deben saberlo, muchos no han tenido nunca la oportunidad de acceder a un trabajo formal, porque les falta un brazo o no pueden ver, porque tienen discapacidad cognitiva o movilidad reducida. Porque han sido víctimas de la exclusión a lo largo de sus vidas.

Tomado de: http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/escuela-para-la-inclusion-en-medellin-119964#guardarDatos